Especial Hans Belting, “Antropología de la imagen”, capítulo 5

Especial Hans Belting, “Antropología de la imagen”, capítulo 5

A partir de la fecha, se iniciará la serie de entradas donde transcribiré informes de capítulos de los libros leídos, relacionados con el arte, la tecnología y la cultura de la imagen en general. Los informes serán escritos una vez por semana, los cuales tendrán el resumen y la reflexión del capítulo leído del libro en específico. En esta ocasión he decidido comenzar por el libro “Antropología de la imagen” de Hans Belting. Espero lo disfruten y me acompañen en el camino de brindar información a todo aquel que esté interesado en saber más acerca del arte.

Informe del capítulo 5 de Antropología de la imagen – Belting

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La muerte siempre ha generado intrigas y cierto temor al ser humano. Por lo tanto es normal que se haya producido imágenes de la misma, así como también la representación de los muertos de acuerdo a las culturas o creencias religiosas. Sin embargo, para Belting, la antigua fuerza simbólica de las imágenes se ha disuelto y la muerte se ha convertido en algo tan abstracto, que dejó de ser el principal interrogante de la existencia. En realidad, esto ya se ha visto en los movimientos históricos de la Ilustración, en que argumentaban que ya no tenía sentido la producción de imágenes en el culto a los muertos, sustituyéndolos por recuerdos, como una encarnación en la conciencia de los vivos.

El miedo a la muerte, más que nada, se debe a cómo un cuerpo que se movía se convierte en una imagen muda, estática. “Los seres humanos quedaban desamparados ante la experiencia de que la vida, al morir, se transforma en su propia imagen” (Belting, 2009, pp 180). En el culto a los muertos, las imágenes fueron expresión de las prácticas que se representaban por medio de máscaras, pinturas, disfraces o momias. Al principio las imágenes se plasmaban directamente en el cuerpo del individuo, para luego manifestarse de manera independiente como una “comparación del cuerpo” y, finalmente, tomaban el lugar del difunto, de su cuerpo. Se han encontrado figuras provenientes del neolítico, en que las mismas evocan una experiencia con el cuerpo que sólo pudo haberse adquirido por medio del culto a los muertos. La “experiencia con el cuerpo”, que fue traspasada a las imágenes de los muertos, culmina con la “experiencia de la mirada”, que parte del rostro. La carne eliminada de los huesos era sustituida por la imagen, que los vestía nuevamente. En diversas civilizaciones, se ha usado a la máscara como una forma de reemplazar una presencia que ocupa la identidad vacía. Las estatuas con cráneos del neolítico portan máscaras, reproduciendo el rostro perdido como imagen incorporada al cuerpo. Antiguas civilizaciones como la egipcia usaron la máscara como un objeto de culto, simbolizando el cuerpo entero del difunto.

“El difunto evoca la conocida cuestión del dónde. Al perder el cuerpo, ha perdido también su lugar” (Belting, 2009, pp 191). Al principio, la concepción de un “más allá” fue la concepción de un lugar donde el difunto se habría marchado. Pero como el cuerpo permanecía, se le asignó un lugar en que pudiera “descansar”, lo cual generaron las tumbas que, actualmente, se las ubican en un cementerio. Sin embargo, la tumba es solo la imagen de un lugar fijo, porque los muertos no pueden ocuparla. Constituye una barrera que separa la vida de la muerte y que las protege una de la otra. Pero también es donde la vida y la muerte se encuentran. El entierro es una repetición gráfica de la muerte. La catástrofe de la muerte es sustituida por el control de la muerte, cuando la comunidad logra recuperar el orden mediante un acto festivo.

En el Antiguo Egipto, el culto a los muertos mostró un desarrollo particular de la imagen a los difuntos. La tumba, con sus descripciones e imágenes, era un lugar donde el orden social del mundo de los vivos se perpetuaba eternamente y quedaba ligado en el individuo en el “más allá”. La momia era la imagen en la que se transformaba un cadáver, manteniendo el cuerpo como un recipiente en el que se afirmaba al muerto.

En el Antiguo Oriente, la separación entre las imágenes de gobernantes vivos y la de los antepasados reales surgió a partir de que algunos reyes adquirieron el privilegio de la imagen aún en vida, colocando una imagen de sí mismos en el templo de la deidad. Con la muerte cambiaba el trato que se tenía con la imagen y, la misma, permanecía inalterada, ligándose al culto a los muertos. Era la encarnación permanente de una persona, más allá de la frontera entre la vida y la muerte.

En la cultura griega, el funeral de los héroes homéricos arroja luz sobre la manera de proceder con los cuerpos de los muertos. Los griegos practicaban la incineración de los difuntos, para luego reemplazarla con una imagen para el recuerdo de un cuerpo que permanecía tan hermoso como cuando estaba presente en la velación. La “muerte bella” ocultaba el verdadero rostro de la muerte, permaneciendo como uno de los principios fundamentales de la cultura funeraria griega. Platón realizó una crítica a las imágenes, defendiendo la memoria viva en contra de las memorias artificiales. Para él, solo los seres vivos son capaces de recordar, las imágenes solo duplican a la muerte por sí mismas.

En culturas como el judaísmo, se mantuvo la creencia de que Dios moldeó al hombre con el barro y, por lo tanto, observaron las técnicas de moldeado de figuras como un plagio al dios creador, prohibiendo la reproducción de esa clase de imágenes. Incluso los judíos tenían prohibido el de reproducir la imagen de Dios, dado que el mismo carecía de cuerpo y forma.

En la Antigua Roma, las imágenes del difunto ocupaban un lugar donde no había cuerpos. A las obras en imagen ya no se les exigía una presencia real que se entendiera como simbiosis con el alma. Ese lugar lo ocupó la memoria, sellando así la ausencia de los muertos. El cristianismo continuó con la división del “más allá” en dos partes. A partir de ahí, el significado de la muerte individual ha sido aplazado hasta el Juicio Final, donde uno debía temer a “la segunda muerte”. Las utopías cristianas pronto fueron traspuestas a las utopías sociales modernas, que solo ofrecen inmortalidad a la sociedad.

En la Modernidad, la discusión sobre la imagen y la muerte volvió a cobrar vida con la fotografía. La imagen fotográfica no es un “descubrimiento”, sino una “cosa hallada”, capaz de captar mediante luz un cuerpo de acuerdo con un tipo de verdad que solo la técnica puede garantizar (Belting, 2009). Al transcurrir el tiempo de exposición, toda imagen capturada cae en la trampa del tiempo. La muerte se distingue en el hecho de que es imposible tomar nuevas imágenes después de la vida. En el punto donde la vida y la muerte se encuentran, la imagen muestra un aura vital específica. Sin embargo, solo la muerte proporciona a nuestra memoria el significado que alguna vez dio vida a las imágenes. En otras culturas se ha reclamado el uso de una sola imagen para el culto a los antepasados, mientras que la multiplicación de imágenes en Occidente combate la relación con la muerte.

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Es interesante cómo Belting ha estudiado el tema de la muerte analizando diversas culturas, comparando los ritos que realizaban en el culto a los muertos y sobre esa creencia que siempre mantenían sobre la vida después de la muerte. La razón por la que en muchas prácticas religiosas recurrían a la momificación fue, más que nada, por la creencia de que, algún día, el alma regresaría a su cuerpo y volvería a resucitar. En nuestra cultura cristiana romana actual, aun se mantiene la idea de la resurrección de los cuerpos, por lo que la incineración está completamente prohibida dado que, así, el muerto “no podrá resucitar”. Sin embargo, cada día son más los que acceden a la cremación de los fallecidos ya sea porque no creen en la resurrección o por otros motivos. En cuanto a la momificación, se podría decir que la “criogenización” es un método moderno de “momificar” a los muertos, desde un punto de vista científico y tecnológico y con la idea de que la ciencia, en un futuro lejano, logrará vencer a la muerte y resucitar a los muertos conservados a temperaturas mínimas en grandes contenedores. A pesar de los “métodos modernos” en que se trata a los difuntos en la actualidad, todavía se usa la imagen para que ocupen el lugar del muerto. Es normal poner la foto de una persona fallecida junto a los santos para rezar por su alma, como recuerdo y para pedir protección de todo mal. Incluso, hasta ahora, a muchos indignan que no se valoricen las imágenes de personajes históricos que lucharon por sus ideologías o por un país mejor.

A pesar de lo que el autor exponga, todavía se utiliza las imágenes en memoria de los difuntos. Sin embargo, lo que más se valora es el recuerdo, la memoria. Incluso las imágenes virtuales son usadas para ese propósito, a pesar de que no posea “soporte” o no sea “tangible” y tienda a desaparecer con el tiempo. Pero no todo permanece. Ni siquiera lo “tangible” garantiza la eterna durabilidad. Así como las personas mueren, las imágenes también desaparecen, se desintegran, son destruidas… la destrucción de una imagen que representa a un líder o a un monarca representa su caída al poder. Si desaparece la imagen de una persona muerta, sea esta una fotografía, una pintura, un dibujo o una escultura, entonces también desaparece “parte de ella”, prácticamente deja de existir. El ser humano siempre ha sentido temor de la desaparición total de su imagen, de sus recuerdos, de todo aquello que dejó en el mundo como testimonio de su existencia. Los artistas demuestran ese temor con sus obras de arte, los escritores con sus libros y los gobernantes con la multiplicación de sus rostros o cuerpos por medio de las imágenes.

En la actualidad, casi nadie acude a los cementerios a visitar a sus parientes fallecidos. Pero eso no quiere decir que los olvide o no los honre. Simplemente mantiene en sus recuerdos los lindos momentos que pasaron y lo que vivieron mientras estuvieron todos juntos. Incluso muchos mantienen sus objetos personales, sus fotografías y todo aquello que le recuerda a la persona desaparecida, como una forma de mantenerlos a su lado aunque ya no se encuentren en estado físico, sino dentro de la mente. Y si pierde las fotos y los objetos del fallecido, lo mantendrá vivo en el recuerdo y el recuerdo de sus amigos. Una persona solo fallece cuando la última persona que la recuerda fallece también. Puede llevar unos pocos años o décadas. Solo unos cuantos tienen el privilegio de ser recordados a lo largo de los siglos. Aún así, siempre habrá algo que haya dejado el fallecido, algo que permanece y que, por más que nadie lo recuerde o lo relacione en su recuerdo, se quedará en el misterio de una existencia que pudo haber sido interesante o inquietante.

Especial Hans Belting, “Antropología de la imagen”, capítulo 4

Especial Hans Belting, “Antropología de la imagen”, capítulo 4

A partir de la fecha, se iniciará la serie de entradas donde transcribiré informes de capítulos de los libros leídos, relacionados con el arte, la tecnología y la cultura de la imagen en general. Los informes serán escritos una vez por semana, los cuales tendrán el resumen y la reflexión del capítulo leído del libro en específico. En esta ocasión he decidido comenzar por el libro “Antropología de la imagen” de Hans Belting. Espero lo disfruten y me acompañen en el camino de brindar información a todo aquel que esté interesado en saber más acerca del arte.

Antropología de la imagen. Informe del capítulo 4 de Belting

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Cuando se habla del cuadro como un medio de la imagen, no es posible ignorar que tenía un parangón con el escudo de armas, cuya historia se extiende de mucho más atrás (Belting, 2009). Justamente podría hablarse de un antecedente, si se toma al escudo de armas no como una “imagen de un cuerpo” sino como “signo” de un cuerpo, caracterizando al portador de una genealogía familiar o territorial, definiendo a un cuerpo con rango.

“Las circunstancias que nos ocupan son propicias par agudizar la mirada respecto de la complejidad del concepto de medio” (Belting, 2009, pp 114). Tanto el retrato como el escudo, como representación, se separan tanto que prácticamente se corroboran por oposición. Esa contradicción sólo comienza a manifestarse cuando la leemos en el uso simbólico del medio, que en uno y otro caso se distingue de manera muy específica.

Los escudos ocupaban el lugar de alguien o vinculaban su cuerpo con un signo de su rango y del ámbito de su señorío. Con el tiempo, solo se ha conservado  un número reducido de escudos con la insignia de sus armas, pues la posterior era del coleccionismo de arte no los consideró obra de artistas. Así, en su transmisión, surgió una asimetría entre el escudo en una tabla y la tabla con imágenes de figuras, lo que en la actualidad entorpece la perspectiva de la relación histórica en lo relativo a su rivalidad intermedial.

En el caso de la heráldica se debe señalar una distinción importante entre el blasón, como escudo de armas, y el escudo con el blasón, como su medio portador. En el caso de los blasones, los “ecus” o escudos de arma eran privilegio de señores feudales, mientras que los blasones en sentido estricto fueron retomados por la clase burguesa. El portador del escudo no solo es copia de un cuerpo sino que, a la vez, en tanto objeto, posee también un cuerpo físico: un cuerpo funcional para el ritual de la representación. El medio de un portador autónomo es primordial en esta distinción.

El escudo y el retrato son portadores de una referencia corporal cuyo sentido es tan distinto como su resultado. El escudo, en tanto signo de una familia y un señorío ligado a familias de la alta nobleza, era heredable y, por lo tanto, constituía a la identificación de una genealogía portada por cuerpos. El retrato, por el contrario, dentro de la sucesión genealógica en que el escudo era transmitido, significaba únicamente al portador vivo del nombre en su cuerpo mortal de persona. Pero al mismo tiempo, este cuerpo llevaba en su fisonomía su privilegio genealógico como cuerpo de rango, y poseía tanto un nombre individual como uno familiar.

La relación con el cuerpo que comparten el escudo y el retrato los conduce asimismo a una oposición simbólica y estética. Un rostro que aparece en un retrato forma parte del cuerpo natural al que pertenece, y al mismo tiempo lo representa. Esta representación, a diferencia del “rostro” heráldico del escudo de armas, se encuentra bajo el impulso de una mímesis corporal. El retrato, en tanto expresa una mirada, anula con esta mímesis la distancia con el rostro viviente.

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El cuadro de retrato, en cuanto abandonó la vista de perfil de una rígida figura heráldica, introdujo la metáfora de la ventana, con el fin de traspasar la superficie del medio y hacernos dirigir la mirada a través del marco. El cambio en la frontalidad fue lo que apartó al retrato del escudo, puesto que debía formar un “concepto de cuerpo” verdadero, lo que en consecuencia transformó también el “concepto de imagen”.

El humanismo significó la liberación polémica del pensamiento heráldico y la resistencia a aceptar una jerarquía del cuerpo social. El concepto de sujeto se desarrolló por etapas a partir de un concepto de cuerpo que en cierto modo fue “puesto en imagen”. El humanismo utilizó la descripción corporal para plantear su imagen del ser humano de manera antitética en contra de las circunstancias antiguas. El retrato de los humanistas se encontraba de antemano bajo condiciones especiales debido a que la clase ilustrada era dueña de una naturalidad en busca de expresión.

En la confrontación del retrato con la heráldica no se trata solamente del conflicto elemental entre imagen y signo. Más aún, se confrontaban dos rostros de distinto tipo, el natural y el heráldico. Ambos se distanciaron tanto en lo referente al concepto de persona, que llegaron hasta un desenlace en el que el retrato fisonómico, enriquecido por el lenguaje retórico de las imágenes del Renacimiento, quedó como vencedor de la contienda.

Muchos toman al retrato como la metonimia de un ser querido, más cuando éste ya no se encuentra a su lado. Por mucho tiempo, en algunas tribus, no permitían que se les fotografiaran, dado que creían que, así, les robarían el alma. Y cuando vemos el retrato de una persona, y más si la conocíamos y falleció, sentimos que esa persona siempre nos está observando, que aún está ahí. También están los que, al ver el retrato de una persona, se fija mucho en su expresión y en las facciones de su rostro. Incluso, tiende a idealizar al retratado o a la retratada, imaginándose cómo habrá sido o, en el caso de que siga con vida, cuál es su pensamiento o cómo es su comportamiento. Un retrato puede decir muchas cosas. Puede demostrar que, al menos, esa persona existió y accedió a que se le retratara para, así, dejar una parte de sí cuando se traslade a otro lugar. Será por eso que muchos artistas se autorretratan, queriendo mostrar cómo son o cómo desearían ser. Incluso, hay artistas que se autorretrataron para reflejar sus sentimientos sobre ciertos acontecimientos que le marcaron la vida, como en el caso de Frida Kahlo, quien es una artista que se caracteriza por sus autorretratos drásticos y desmotivadores. Otro artista que se autorretrataba y que vivió en el Renacimiento fue Durero quien, incluso, mostró un narcisismo sobre su persona al retratarse a sí mismo como Cristo, con la mirada de frente y desafiando al espectador.

El escudo, que más bien era más la representación de una familia que la de una persona individual, ha quedado atrás con respecto al retrato. Ya nadie realiza escudos, con el símbolo de su linaje. Sin embargo, todavía se conservan escudos que representan diversos apellidos comunes en la actualidad, como “Fernández”, o “Cáceres”. Es interesante investigar sobre el origen de los apellidos, conocer las distintas derivaciones y saber que, además, tiene su propio escudo. Aunque en el presente el tema del linaje, la dinastía o el apellido ya perdió importancia, todavía hay muchos que se sorprenden cuando el hijo de un político, o el nieto de una superestrella se dan a conocer tomando la profesión de sus padres o abuelos. Sin embargo, a diferencia de la Edad Media, ninguno porta algún “escudo”, como representantes de sus familias. Y los que los llevan, son los monarcas europeos que todavía siguen ejerciendo sus roles, pero ya no como gobernadores, sino como representantes de sus respectivos países.

Si los escudos ya no representan a las familias actuales, entonces, ¿Qué les representa? Una respuesta sería el retrato. Es muy significativo que un famoso se retrate junto a toda su familia. Pasa mucho con los políticos que, a la hora de las elecciones, reúnen a su pareja e hijos para que les saquen las fotos o les filmen mientras hablan de sus promesas. Otra respuesta sería la profesión. Si el abuelo fue médico, el hijo también y el nieto lo será. Aquí se genera una imagen en que la familia completa se caracteriza por ejercer dicha profesión. Si un muchacho estudia medicina y sus padres son médicos, entonces genera más admiración e, incluso, todos lo elogian y reconocen sus logros. Ninguno porta un “escudo”, que lo llevan a todos lados como extensión de sus cuerpos. Solo tienen la profesión y las diversas fotografías en que se dejaron retratar como símbolos de su personalidad y de su profesionalismo.

Gracias a la conservación de escudos familiares, uno puede acceder a la información de los mismos, conocer sobre la historia de dicho escudo y, por ende, conocer la historia de sus orígenes. No siempre uno encuentra los retratos de sus antepasados. Lo máximo a lo que puede llegar es encontrar fotografías de sus bisabuelos o tatarabuelos, cuando aún no existían las cámaras digitales o cámaras analógicas compactas. Sin embargo, sí es posible encontrar el escudo familiar y conocer sobre su historia, informarse y valorar un poco más el apellido de sus padres, con el que lo identificaron al nacer y con el que uno mismo lo identificarán a sus hijos y éstos a los suyos. Con esto, se puede ver que un escudo también puede decir mucho de uno mismo, identificarse o no con su apellido y ser consiente que “la sangre” de sus antepasados todavía sigue recorriendo por sus venas. Y con el retrato de sus antepasados más cercanos puede apreciar sus rasgos físicos, sus expresiones y los parecidos familiares que tienen en común, a pesar de que apenas los recuerda o nunca los conoció. Si no heredó una basta fortuna, un terreno importante o un palacio, al menos sí heredó la imagen familiar, los rasgos físicos y el recuerdo de una familia que creció y sigue creciendo hasta la actualidad.

Cinco “youtubers” que debes conocer (si te gusta el arte)

Cinco “youtubers” que debes conocer (si te gusta el arte)

El “youtuber” es aquel que sube videos en Youtube, sea el que sea. Y como en este blog nos enfocamos en el arte, hoy voy a presentar a cinco “Youtubers” cuyo contenido se enfoca en el arte, ya sea realizando tutoriales, video reseñas, críticas o reflexiones sobre el arte y los artistas. No es un top ten, es un gusto personal y los estoy citando por la frecuencia con que actualizan sus canales y la calidad que suelen tener sus videos.

Crearte Araiza: Es una youtuber mexicana, la cual realiza tutoriales de dibujos y pinturas. En sus últimos videos también realizó una demostración de modelado con pasta. Maneja diversas técnicas artísticas y sus demostraciones son claras y amenas.

Link del canal: https://www.youtube.com/channel/UCoYL1zAM0M8Kykzi61ml7UA/featured

Monitor fantasma: Este Youtuber, proveniente de Perú, habla sobre cultura general. En su canal encontrarás temas relacionados con la filosofía, historia, literatura y arte. Actualiza con mucha frecuencia, por lo que si te gustan estos temas, te recomiendo que lo sigas.

Link del canal: https://www.youtube.com/user/josueaguirre/about

Papelísimo: Es una youtuber española, quien se dedica enteramente a las manualidades. Sus tutoriales son breves y fáciles de entender, ideal para los que se inician en este ámbito.

Link del canal: https://www.youtube.com/channel/UCH7VMgoUWsipAejC4nyZJaQ

Granda comic fan: Es un youtuber colombiano, que enseña a realizar comics y novelas gráficas.

Link del canal: https://www.youtube.com/user/ComicFan/about

Así o más fácil: Si te gustan las manualidades, decoración, maquillaje, postres, reciclaje y más, te recomiendo seguir a esta youtuber mexicana. Aprenderás muchas cosas y te divertirás.

Link del canal: https://www.youtube.com/user/PawMarin/about

Especial Hans Belting, “Antropología de la imagen”, capítulo 3

Especial Hans Belting, “Antropología de la imagen”, capítulo 3

A partir de la fecha, se iniciará la serie de entradas donde transcribiré informes de capítulos de los libros leídos, relacionados con el arte, la tecnología y la cultura de la imagen en general. Los informes serán escritos una vez por semana, los cuales tendrán el resumen y la reflexión del capítulo leído del libro en específico. En esta ocasión he decidido comenzar por el libro “Antropología de la imagen” de Hans Belting. Espero lo disfruten y me acompañen en el camino de brindar información a todo aquel que esté interesado en saber más acerca del arte.

Antropología de la imagen. Informe del capítulo 3 de Belting

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Hoy en día tenemos la tentación de crear un nuevo ser humano, lo que da a entender que se desea inventar un nuevo cuerpo con el uso de la ciencia y la tecnología.

“Los seres humanos elaboraron imágenes de sí mismos desde mucho antes de que comenzaran a escribir sobre sí mismos” (Belting, 2009, pp 110). Esto se ve en las cavernas, donde los cavernícolas se dibujaron a sí mismos. Ya desde la prehistoria se ha dado ese fenómeno de representar al ser humano, lo cual lo representaban con su cuerpo. Actualmente se representa al cuerpo de una manera diferente, con una belleza sobrehumana o como cuerpos virtuales. Como se ha visto, es imposible representar a una persona sin su cuerpo. El cuerpo es persona, imagen y, al mismo tiempo, la persona es más que una imagen, más que un cuerpo.

Los artistas siempre han producido imágenes de su propio cuerpo y con su propio cuerpo, lo que actualmente se genera una crisis de la imagen tradicional del cuerpo. Cuando se perdió la seguridad sobre el mismo, el arte disolvió la figura en experimentos, paráfrasis y fantasmas (Belting, 2009). En el último siglo, para el ser humano, el cuerpo le está pareciendo insuficiente. Por lo tanto, se vio en la necesidad de sustituirlo con la tecnología moderna de las prótesis corporales y la modificación de la percepción de nuestros sentidos. Aún vivimos en nuestro cuerpo, pero necesitamos modificarlo, mejorarlo con la ayuda de las ciencias actuales.

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Durante la historia, se ha analizado y representado al cuerpo como algo inestable, algo que se descompone. El ser humano tiene cuerpo y alma y, sin embargo, el alma no se puede representar. Solo el cuerpo es representable, como imagen eterna del ser humano desde la prehistoria hasta el presente. En el Renacimiento, se vio al cuerpo como actor, convirtiéndolo en el tema principal de arte. Los cuerpos artificiales adoptaron la representación religiosa de los cuerpos vivos, tanto en el sentido de la burguesía como en la futura resurrección del cuerpo.

La fotografía se plantea como un tema arqueológico, a partir de que las técnicas digitales reemplazaron la producción fotoquímica de imágenes. La crisis se da en el hecho de que no existen ya imágenes que puedan ser aceptables, que apartan de nuestra mirada la realidad del cuerpo y la disuelven en imágenes. Otra variante que amenaza al cuerpo es la tecnología genética, que consiste en convertir imágenes en cuerpos e invalidar la diferencia entre una imagen y todo aquello de lo que es imagen.

El arte occidental rompió con el esquema del “cuerpo humano” en estos últimos tiempos, y más con los avances científicos y tecnológicos. Con esto se generó el término poshumano, que sería un humano capaz de superar sus limitaciones intelectuales y físicas mediante el control tecnológico de su propia evolución biológica. El transhumanismo es una clase de filosofía que busca guiarnos hacia una condición poshumana. Comparte algunos elementos del humanismo, incluyendo un compromiso con el progreso y una valoración de la existencia transhumana en la vida. Podría sonar como una promesa de mejorar la condición humana, traspasar las fronteras de la muerte (algo que nuestros antepasados lo han deseado siempre) y revertir miles de enfermedades que afectan gravemente a la salud.

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Con el auge del internet y los celulares “inteligentes”, se podría decir que estamos en el comienzo de lo que han pregonado los artistas y demás estudiosos del tema en el pasado. Recibimos demasiada información a través de los medios digitales y, con las mismas herramientas, transcribimos nuestros pensamientos o trabajos. La tecnología no solo es la extensión del cuerpo, sino también de la mente.

Muchos artistas trabajan con los científicos para realizar sus “obras de arte”. De aquí proviene el término “bio arte”, donde se experimenta con la genética y se ha logrado resultados interesantes y perturbadores. Los detractores los acusan de estar jugando con la vida y que tienen una total falta de respeto hacia la ética y la moral. Incluso a los artistas les genera terror el experimentar con la genética y la tecnología, el incrustarse artefactos en el cuerpo o, incluso, el modificar su cuerpo. Lo ven como el fin de la naturaleza humana, tal como lo han conocido nuestros antepasados.

Lo ideal sería que se usara la ciencia para un buen fin, por ejemplo: ayudar a los mutilados para que puedan tener de nuevo sus brazos o piernas, o reemplazar ciertos órganos afectados por una grave enfermedad con aparatos tecnológicos para salvar una vida. Tengamos o no esos aparatos o cualquier objeto incrustado en nuestro cuerpo, seguimos siendo personas que sentimos y pensamos. Lo malo sería que se intentara crear organismos por medio de la genética y que, al final, no podamos controlar nuestras “creaciones artísticas”. Como es un campo difícil de manipular y comprenderlo a la perfección, se cometen errores y afectan tanto al producto del “experimento” como al quien lo elaboró. Hay ciertas cosas que es mejor dejarlas en el papel, en el lienzo y en el disco duro de nuestra computadora.

Seis películas relacionadas con el arte

Seis películas relacionadas con el arte

En esta ocasión estaré recomendando estas seis películas que tratan sobre el arte. No se trata de un top, es un gusto personal y si conocen otras películas de esta temática, pueden recomendarlo en comentarios.

Frida

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Frida es un largometraje dirigido por Julie Taymor y estrenado en el año 2002 de la mano de Miramax Films. Está basado en el libro de Hayden Herrera, sobre la vida de la famosa pintora mexicana Frida Kahlo. Salma Hayek protagonizó y produjo la película con su compañía VentanaRosa en asociación de Lions Gate Films. Fue nominada a seis Premios Óscar ganando dos: Mejor maquillaje y Mejor banda sonora.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Frida

Moulin Rouge

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Año 1900, París. El bohemio Christian (Ewan McGregor) se enamora de la estrella del Moulin Rouge Satine (Nicole Kidman) y una noche, tras un malentendido, sus caminos terminan por cruzarse. Él la enamora con su poesía y ella lo hechiza con la luz que irradian sus ojos, pero todo cambiará cuando ella descubra que Christian no es el millonario duque al que está dispuesta a convencer para financiar una obra teatral. Entonces se debatirá entre el amor que siente hacia el bohemio o el interés hacia el duque (Richard Roxburgh) y poder convertirse en una gran actriz. La película está ambientada a principios del siglo pasado, en la capital francesa que buscaba derribar las normas convencionales en todas las áreas posibles. El film, además, tiene como tema principal el amor y se desarrolla en un entorno que mezcla el lujo y la bohemia a modo del arte de Toulouse-Lautrec, que aparece como uno de los amigos del protagonista.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Moulin_Rouge!

Medianoche en París

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La historia se desarrolla en París, y cuenta las vicisitudes de una familia en viaje de trabajo así como de la pareja protagonista, Gil Pender (Owen Wilson), un exitoso pero desilusionado guionista de Hollywood y su prometida, Inez (Rachel McAdams), que se encuentran de vacaciones. Las diferentes experiencias vividas en la ciudad por este grupo de personas darán un giro a sus vidas.

De manera similar a The Stonecutter, un antiguo cuento de hadas japonés, la historia puede considerarse un ejemplo de bucle extraño, es decir, de recursividad (véase Douglas Hofstadter)

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Medianoche_en_Par%C3%ADs

Séraphine

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Séraphine es una película francesa de 2008 dirigida por Martin Provost y protagonizada por Yolande Moreau y Ulrich Tukur. Se trata de un drama biográfico que narra la vida de la pintora naif francesa Séraphine Louis, también conocida como Séraphine de Senlis, acercándonos a la experiencia de esta mujer con el arte, la religión y la enfermedad mental.

El largometraje es una coproducción entre Francia y Bélgica. Se estrenó el 7 de septiembre de 2008 en el Festival Internacional de Cine de Toronto.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%A9raphine

Renoir

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El actor francés Michel Bouquet (‘Todas las mañanas del mundo’) da vida al ilustre pintor impresionista, Auguste Renoir. Un gran conflicto bélico sacude Europa en el año 1915. Tras sufrir la pérdida de su mujer, y con las dolencias de la edad a cuestas, la desdicha del pintor se incrementa cuando recibe malas noticias del frente: su hijo Jean (Vincent Rottiers, ‘Mood Indigo’) ha sido herido. Con el objetivo de favorecer su recuperación, Auguste le ofrece pasar un tiempo junto a él en su casa de la Costa Azul.

Pero en medio de su tristeza, una encantadora aparción irrumpe en la vida del pintor. Su nombre es Andrée Heuschling (Christa Theret, ‘Arcadia’), una joven de asombrosa belleza y esbelta figura, que hará revivir algunos sentimientos ya olvidados en el viejo pintor. Ella será la nueva inspiración para sus obras, y Renoir quedará cautivado por la desbordante energía y juventud que irradia su musa.

Fuente: http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-203955/

La chica danesa

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La chica danesa (The Danish Girl, en el original en inglés) es una película biográfica británica dirigida por Tom Hooper y protagonizada por Eddie Redmayne, Alicia Vikander, Amber Heard y Matthias Schoenaerts. La cinta está basada en la novela homónima de David Ebershoff, y cuenta la historia real de la pintora danesa Lili Elbe, la primera mujer transgénero en someterse a una cirugía de reasignación de sexo. Tuvo un estreno limitado previsto el 27 de noviembre de 2015 en Nueva York y en Los Ángeles.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/La_chica_danesa

Especial Hans Belting, “Antropología de la imagen”. Capítulo 1

Especial Hans Belting, “Antropología de la imagen”. Capítulo 1

A partir de la fecha, se iniciará la serie de entradas donde transcribiré informes de capítulos de los libros leídos, relacionados con el arte, la tecnología y la cultura de la imagen en general. Los informes serán escritos una vez por semana, los cuales tendrán el resumen y la reflexión del capítulo leído del libro en específico. En esta ocasión he decidido comenzar por el libro “Antropología de la imagen” de Hans Belting. Espero lo disfruten y me acompañen en el camino de brindar información a todo aquel que esté interesado en saber más acerca del arte.

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Antropología de la imagen de Hans Belting. Informe del capítulo “Medio-Imagen-Cuerpo”

La distinción entre imagen y medio nos aproxima a la conciencia del cuerpo. Lo que en el mundo de los cuerpos y de las cosas es su material, en el mundo de las imágenes es su medio. Dado que la imagen carece de cuerpo, ésta requiere de un medio en el cual pueda corporizarse. La producción de imágenes ha tenido una estandarización de las imágenes individuales que, por su parte, se crearon a partir del mundo de imágenes contemporáneo a sus observadores, el que hizo posible el efecto colectivo. Las imágenes poseen una forma temporal en los medios y en las técnicas históricas. Dejamos que la transcendencia del cuerpo sea confirmada por imágenes a la que les imponemos esta tendencia opuesta. Únicamente por medio de las imágenes nos liberamos de la sustitución de nuestros cuerpos, a los que podemos mirar a distancia.

La cuestión de imagen y medio nos conduce nuevamente al cuerpo, que no sólo ha sido un “lugar de las imágenes”, sino también un portador de imágenes a través de su apariencia exterior. Los aparatos de imágenes capaces de representar personas interrumpen esa unidad somática, al intercambiar el cuerpo por un medio portador artificial, con lo que se establece una ruptura física entre éste y su imagen. Las imágenes digitales se encuentran almacenadas de manera invisible en una base de datos. Lo que está en cuestión aquí es el concepto de medio, así como también el concepto de imagen.

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En la actualidad, los medios de almacenamiento administran una memoria electrónica de imágenes en reposo que vienen de muy lejos. Con frecuencia los nuevos medios no son otra cosa que un espejo del recuerdo pulido recientemente, en el que las imágenes antiguas perviven de manera distinta que en los museos, iglesias y libros. El medio tiene una función determinada a partir de que nos proporciona un concepto para no confundir la imagen de la pared con una cosa. Cada imagen, una vez que haya cumplido su función actual, conduce en consecuencia a una nueva imagen. Alguna imagen sólo podrá tener el efecto de una nueva porque utiliza un medio nuevo, o porque reacciona a una nueva praxis de la percepción.

Siempre se ha tenido a la imagen como representación de un personaje, escena, historia u objeto. Para otros, en cambio, la imagen es el “congelamiento” de una vivencia, de un recuerdo o de un acontecimiento. Normalmente nos valemos de los sentidos para captar lo que pasa a nuestro alrededor. En este caso, nos valemos de la vista, que es considerara uno de los sentidos importantes del ser humano. Como no podemos mostrar a los otros lo que vimos o percibimos, necesitamos de algo para transmitir aquello que captamos y guardamos en el recuerdo. En este caso, la imagen es trasladada desde nuestra memoria o recuerdo a un medio u objeto. Existen diversos medios para transmitir la imagen, así como diversas técnicas y métodos para su reproducción. El cuerpo es representado por una imagen, que a su vez es representada por medio de una forma o impreso en otro cuerpo.

Por el momento, el tema de imagen, medio y cuerpo parece claro. Un cuerpo permanece con el tiempo, aunque sea efímero. Aquí existe una contradicción del concepto de imagen, dado que lo material no permanece para siempre y, por lo tanto, necesitamos proyectarlo con una imagen a través de un medio tangible que, a su vez, tampoco garantiza la durabilidad a través de los siglos. El problema se agrava con los avances tecnológicos, donde ahora el medio donde se proyectan las imágenes es virtual, creado a partir de códigos informáticos que se encuentran almacenados en el disco duro de una máquina. Los códigos no son precisamente un medio tangible. Aquí la imagen no se puede tocar o trasladar, como normalmente se hace con una pintura o, incluso, con una escultura. Para muchos, prácticamente, la imagen digital “no existe”, dado que no hay manera de que no se altere o se la retoque fácilmente, así como tampoco tiene una ubicación exacta: una imagen digital puede verse en diferentes computadoras o sitios web solo porque se puede “multiplicar” los códigos informáticos y, de esa manera, guardarla o volver a modificarla.

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Sin embargo, si se analizara una vez más el problema, podríamos deducir que una imagen digital no es tan diferente a cualquier otra imagen. Un óleo plasmado en una tela tampoco perdura para siempre. Si no se la protege de las inclemencias del tiempo, podría perder el brillo de sus colores. Incluso, puede desaparecer bajo las pinceladas de otra imagen si nadie se encarga de documentarla como es debido. Una imagen digital, por medio de programas informáticos, puede ser retocada o alterada fácilmente. Incluso, con solo apretar un botón del teclado, esa imagen puede desaparecer en una cuestión de segundos. Lo tangible también puede desaparecer si a alguien se le ocurriera prender fuego a un museo lleno de cuadros antiguos, o destruir esculturas griegas y usar sus partes para construir calles o residencias. Más bien, el problema radica en que nuestra mente está muy acostumbrada a lo que podemos ver y tocar con las manos que, cuando estamos ante la presencia de algo virtual, aunque podamos verla, no podemos palparla y sentirla a nuestro alrededor. Es como si viéramos a un fantasma: no sabemos si realmente está ahí o es solo una ilusión.

Las personas necesitan plasmar las imágenes de un cuerpo a través de un medio. Incluso puede ser el mismo cuerpo como medio de la imagen. La imagen documenta, archiva, trae recuerdos o añoranza e, incluso, impresiona. Cada imagen varía de acuerdo a la época en que fue creada, así como también en qué medio o cuerpo fue transmitido para el deleite del espectador. Hoy en día, ese medio es digital y el cuerpo por el que es proyectada la imagen se revela por medio de las máquinas o la tecnología. Así como lo tangible no garantiza la eternidad de las imágenes, lo intangible tampoco es un medio fiable para permanecer con el tiempo. Incluso, al ser incorpóreo, genera más intriga a los espectadores. Pero todavía seguimos manejando el concepto de imagen como representación del cuerpo o fuente de información a través de un medio. No hay que ser tan reacios a los avances tecnológicos y a los cambios de conceptos que éstos generan. En todas las épocas surgieron diversas máquinas o invenciones que generaron intrigas tanto a los estudiosos como a la sociedad en general. En este caso, ocurre lo mismo. Por lo tanto, es importante seguir estudiando al respecto para ver qué más podemos agregar al problema de la imagen, el medio y el cuerpo.

 

Gerineldo, el humorista del arte

Gerineldo, el humorista del arte

Genireldo es un humorista gráfico, que publica sus tiras cómicas en su perfil del Facebook. Las mismas son de diversas temáticas: arte, política, cultura y más. Trabaja para periódicos, revistas especializadas, institucionales, empresariales y digitales.

Podría describir sus tiras cómicas como de un humor satírico, el cual cuestiona ciertos aspectos de la sociedad en general. También es de los pocos humoristas cuyas tiras también se enfocan en el arte, en este caso, se dedica a cuestionar y criticar el arte contemporáneo. Aunque, más que criticar, nos invita a cuestionar ciertas prácticas artísticas que se llevan a cabo en los museos y centros culturales de arte moderno.

A continuación, les presentaré algunas tiras cómicas relacionadas con la temática del arte para que conozcan el trabajo de este genial humorista gráfico.

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Fuente: https://www.facebook.com/gerineldoh/timeline