Análisis del libro “Antropología de la producción artística” de Lourdes Méndez

“La producción de conocimientos sobre el arte y la estética y la distinción entre lo que es arte y lo que no es, posee en las sociedades occidentales su propia genealogía y ésta se remonta a los filósofos de la antigüedad clásica griega y romana” (Lourdes Méndez, 1995, pp 33). No nos debe extrañar, por lo tanto, que desde hace tiempo el ser humano se ha planteado el dilema de qué puede ser considerado arte y qué no. Se puede ver el avance del concepto tanto en Teoría de arte, como en Historia del arte. En el ámbito antropológico, cuyo conocimiento se centra en las culturas no occidentales, se ha logrado distinguir étnicamente sus artes, pero no sus características formales y estilísticas como se ha hecho con el arte occidental o, en todo caso, el “arte europeo”.

Para Marquet, se puede identificar un objeto y existencia de arte en una sociedad ya sea por destino o si provoca una experiencia estética, no analítica. Sin esas premisas, no hay arte. Anderson, en cambio, concluye que muchas sociedades “primitivas” carecen de una filosofía estética y de términos que traduzcan el término “arte” tal como nosotros lo entendemos. Se pueden utilizar criterios que reconozcan este hecho social independientemente de que esas culturas posean o no el concepto de “arte” en su lengua.

Los sesgos etnocéntricos y androcéntricos, los olvidos, la denegación del impacto que tienen sobre las formas de expresión artística… son una inagotable fuente de recursos utilizados para construir teorías esencialistas del arte que afectan a artistas occidentales y no occidentales (Lourdes Méndez, 1995). Los filósofos ilustrados establecieron que el arte estaba destinado a educar en las virtudes cívicas a los ciudadanos de un nuevo Estado, dándole forma a su sensibilidad. En ese mismo terreno, esa ideología legitimará la exclusión y la diferente valoración de las obras creadas por mujeres y “primitivos”. Una vez más, se ha caído en el etnocentrismo y androcentrismo.

Entre los siglos XIX y XX surgieron varias corrientes estéticas. Los positivistas han constatado cuáles son las leyes generales que rigen el arte y, a partir de ahí, clasificaron las obras, los artistas y las civilizaciones. Los idealistas, en cambio, se alejaron de los modelos de las ciencias sociales. La estética libertaria pretendió liberar a la imaginación y la creatividad, promoviendo la espontaneidad y cuestionamiento de la institución artística. En este campo, da la sensación de que solo los artistas occidentales pueden darse el lujo de una percepción “salvaje” de la Naturaleza, lo cual les libera la imaginación para crear nuevas formas de expresión artística. A principios del siglo XX las famosas vanguardias modificaron lo que se concebía como arte en Occidente, así como el contenido de las teorías que habían servido para clasificar a obras y artistas. A finales de los noventa se siguió dando a los artistas occidentales la posibilidad de apropiarse del arte de “los otros” para intentar seguir innovando en el nuestro.

Cuando se estudia historia del arte occidental o universal, se analiza su transición desde la Antigüedad, luego el Renacimiento, el Barroco, hasta los movimientos artísticos del siglo XIX y XX. Y cada artista occidental también es estudiado con su respectiva transición artística (comenzaron siendo academicistas hasta lograr su propio estilo o el estilo de su preferencia). Todos son europeos, americanos y hombres. También hubo mujeres, pero no gozan de las mismas relevancias que sus “colegas” masculinos. Recién en las últimas décadas, con los movimientos feministas, avances sociales, tecnológicos y científicos, se ha recolectado datos de aquellas artistas que, si bien no fueron reconocidas solo por el hecho de ser mujer, también contribuyeron al desarrollo del arte y la sociedad. Eso llevó, por ejemplo, a que las personas conozcan más a Frida Kahlo que a Diego Rivera. Aunque Frida ya vivió en una época en que se plantearon estos cambios en el pensamiento artístico y social. ¿Qué pasa con las artistas del Renacimiento? ¿O Barroco? Las personas siempre mencionarán a Da Vinci, Miguel Ángel o Caravaggio. Pero si se les pregunta el nombre de mujeres artistas de esas épocas, afirmarán que nunca existieron o, simplemente, no sabrán qué decir. Solo nos queda recolectar lo poco que quedaron de ellas y analizar, con otros ojos, la evolución del arte y la sociedad. Hasta ahora todo está desde el punto de vista de los hombres. Es tiempo de visualizar el arte y la cultura desde el punto de vista de la mujer. Con esto, se podrían aportar nuevos conceptos o dilemas que nos daría una nueva orientación en el ámbito artístico y cultural.

Cuando se estudia arte africano o arte indígena, lo encasillamos en esa única categoría sin preocuparnos por si existen variaciones o diferencias en sus manifestaciones artísticas. Siempre se ha considerado que los indígenas, por ejemplo, no tienen una transición histórica. Toda la vida crearon sus obras de la misma manera, sin alteraciones. Por lo tanto, directamente el arte indígena es estudiado en el campo de la antropología. Sin embargo, con los últimos estudios, se ha demostrado que los indígenas si sufrieron transiciones o alteraciones de sus artes a lo largo de la historia. Los aztecas, por ejemplo, contienen un montón de estatuas o figuras pictóricas que datan de miles de años, con diferencias relevantes que marcan su cultura y cómo ellos percibían el mundo en distintas épocas.

Ahora, que terminamos la primera década del siglo XXI, podríamos decir que estas observaciones están dando sus frutos. Un poco más de investigación y podremos percibir a la sociedad desde otro punto de vista. Aún existe el etnocentrismo, así como también el androcentrismo. Por lo tanto, nos toca a las nuevas generaciones seguir luchando por lo que creemos, seguir generando arte y contribuir al desarrollo de nuestra respectiva sociedad. No importa que seamos occidentales, orientales, indígenas, africanos, hombres o mujeres. Todos somos personas con nuestras ideologías, podemos generar arte, remover el pensamiento general, transmitir mensajes y que éstos permanezcan con el tiempo, aunque tarden siglos o milenios en ser descubiertos por nuestros descendientes.

Un comentario en “Análisis del libro “Antropología de la producción artística” de Lourdes Méndez

  1. Pingback: Recomendaciones de libros que traten del arte en general – Artedivague

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s