Contra el arte contemporáneo

Desde 1991, en París, diversos estudiosos y críticos atacaron al arte contemporáneo, afirmando que el nuevo arte se había edificado sobre una impostura. Se realizaron diversos artículos y escritos, con la pretensión de denunciar todas las debilidades del arte actual después del día en que Marcel Duchamp afirmó que una rueda de bicicleta podía considerarse una obra de arte. Sin embargo, esos ataques ya se dieron anteriormente, en la década del setenta. Por ejemplo, un conservador llamado Clair organizó una exposición con el título “Nueva subjetividad”, donde defendía la revalorización del “oficio”, de los bellos motivos (paisajes, retratos) y de las técnicas tradicionales (óleo, acuarela, pastel). Más adelante, Baudrillard presentó una tesis en la que afirmaba lo siguiente: “El arte está muerto, pero el mundo del arte y particularmente el mercado continúa creyendo que existe”. De esta forma, concluye que el arte actual es insignificante y superficial. Incluso estos ataques fueron anteriores a los setenta. Un crítico de arte llamado Philippe Dagen señaló que estos ataques ya se remontan desde 1905, con la aparición del fauvismo y cubismo. Los debates generan un “dualismo rudimentario”, donde se manifiesta, por un lado, el arte tradicional (la ideología de la tierra natal y el orden natural) y, por el otro lado, el arte contemporáneo (contestatario, cosmopolito y hermetismo). Actualmente, este debate sigue en pie y genera mucha confusión entre los estudiosos y aficionados del arte. Realizar un arte tradicional y “entendible” resulta común e, incluso, muy repetitivo. Realizar un arte contemporáneo, entiéndase arte conceptual, resulta novedoso pero inentendible. No son muchos los que comprenden este arte moderno, dado que lo consideran horrible y poco rentable. Nadie puede comprar una instalación, pero sí se puede comprar un cuadro al óleo o un dibujo. A pesar de todo, estas discusiones se realizaron en todas las épocas: lo que antes no se consideraba arte, ahora se lo valoriza como tal. A lo mejor, en las próximas generaciones o en los próximos siglos, se podría hacer nuevas revisiones y determinar si lo que hacemos actualmente es arte o no.

 

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