La gran odalisca

Dominique Ingres “La gran odalizca”, 1814, óleo sobre tela, 91 x 162 cm, Louvre, París

Descripción: es un óleo sobre tela, donde se ha retratado a una mujer desnuda. La modelo está de espaldas pero girando la cabeza hacia el espectador. Se encuentra recostada sobre unos almohadones azules y blancos, con otros elementos que la rodean. La mujer tiene un turbante que cubre sus cabellos, unas pulseras y sostiene una especie de abanico con plumas.

Organización: La mujer cubre por completo el cuadro. Se puede ver una leve inclinación que es producido por su espalda y termina en la punta de los pies, lo cual genera un arco con las cortinas azules que se encuentran a la derecha de la mujer. Los colores fríos, prácticamente colores azules de las almohadas y sábanas, así como también el fondo completamente oscuro, hacen resaltar a la figura. Aparecen en la obra accesorios que le dan su toque oriental: el abanico, el turbante y la pipa. Con gran precisión refleja la textura de las telas. Aunque se podría considerar clásica, esta mujer no cuenta con las proporciones usadas en figuras clásicas. La espalda es demasiado larga, lo cual hace que se destaque aun más la delicadeza de las curvas y la mirada de la modelo.

Interpretación: La palabra odalisca, del turco odalik, designa a una mujer del harén. Está recostada voluptuosamente en un diván. Se retrata a la mujer vuelta de espaldas, pero girando la cabeza hacia el espectador. Los críticos de la época resaltaron ciertos defectos, como el ser particularmente larga. En efecto, esta odalisca está dotada de tres vértebras suplementarias. El pintor es enteramente consciente de ello. Sacrifica la verosimilitud por el efecto y combina cinco modelos diferentes. Ingres desea pintar una belleza individualizada. Ha retomado aquí el estilo serpentino y el irreal alargamiento de los miembros propio del manierismo. En cuanto al cromatismo, los críticos acusaron a Ingres de usar una gama cromática leve y monótona. No obstante, esa era una decisión consciente del pintor, que consigue un gran preciosismo a través del uso del azul en las cortinas, combinado con el rojo, el blanco y el dorado.

Juzgamiento: en una época en que se volvió a revalorizar lo clásico, esta obra intenta romper un poco con ese esquema usando una gama de colores leve y, también, alargando a la modelo para causar más impacto al espectador. También esta mujer retratada no es europea, sino turca. Aquí se puede apreciar cómo los artistas del siglo XIX, poco a poco, empezaron a interesarse por otras culturas y a reflejar ese interés en sus respectivas obras. Sin embargo, aún falta mucho para romper por completo con los esquemas que se tenían sobre el arte durante esa época.

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