Análisis del libro “Configuraciones de lo grotesco del arte y la publicidad” de Thiane Nunes.

El concepto de lo Grotesco también puede ser extendido a la esfera de la cultura de la masa: lo miserable o estropeado son grotescos en base a la sofisticación de la sociedad de consumo, especialmente cuando son presentados en forma de espectáculo.

No cabe duda de que lo grotesco siempre ha representado un mundo distanciado. De ahí su afición con lo extraño o exótico. Lo oscuro y lo siniestro del mundo son aquí descubiertos y encarados.

La palabra italiana grottesco, como designación de un determinado arte ornamental, marcaba en el Renacimiento algo fantasioso, a veces lúdico, pero también algo angustiante y siniestro en cara a un mundo donde las ordenaciones de nuestra realidad estaban suspensas.

El arte grotesco despierta mucha polémica y no todos consiguen apreciarla. La tragedia presupone la culpa, la miseria, la visión conjunta y la responsabilidad. Imágenes como de guerras, dolencias o defectos humanos parecen ser comunes en esta clase de arte.

Lo grotesco de la Edad Media y del Renacimiento era directamente ligado a la cultura popular, tenía un carácter público y tomaba la forma del humor, la risa, recordando la figura del bufón.

Ya en esa misma época y posteriormente, se puede verificar la categoría de otra forma, que pasó de la caricatura irónica para los retratos más serios de sarcasmo, de terror, de melancolía, de lo real absurdo y del imaginario siniestro.

Partiendo de lo grotesco romántico, con su conciencia aguda de aislamiento, el principio de la risa sufre una transformación muy importante. La risa subsiste, no desaparece ni es excluído, pero comienza a atenuarse cada vez más, reduciéndose a lo mínimo y traduciéndose en las obras de arte cada vez más llamada realidad grotesca, retratada a veces tan crudamente que frecuentemente no se encontraba en espacios de exposición.

Fue apenas al final del siglo XV que el término Grotesco pasó a ser utilizado para definir un estilo artístico, teniendo como referencia un estilo ornamental descubierto en los subterráneos de las termas de Tito, en Roma, llamada grottesca (derivado de grotta, “gruta” en italiano).

Sería preciso esperar hasta el siglo XIX para que lo grotesco mereciese una comprensión más amplia y profunda y pasase a ser efectivamente concebido como reacción a la estética clásica antigua y, finalmente, la estética de lo bello forjada en la modernidad.

La fotografía actual también trabaja mucho la estética de lo grotesco, creando climas densos, imágenes melancólicas y retratando realidades espeluznantes, cuando inclusive sirve a otra función: foto reportaje, normalmente repleta de alto contenido crítico.

Thiane Nunes, “Configuraçoes do grotesco: da arte à publicidade”, Brasil, Porto Alegre: Nova Prova, 2002

 

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