El juramento de los Horacios

Jacques-Louis David “El juramento de los horacios”,  1784, oleo sobre tela, 330  x 620 cm, Louvre, París.

Descripción: Es una pintura al óleo neoclasicista, en la que se encuentran los tres hermanos a la izquierda, con los brazos extendidos hacia adelante frente al Padre, que sostiene unas espadas. Detrás del padre, a la derecha del cuadro se encuentran unas mujeres sentadas, todas agachadas o dormidas, como indiferentes a lo que está pasando. Se ve que están dentro de un salón o cuarto, porque se ve tres arcos al fondo y, detrás de los arcos, un fondo oscuro.

Organización: De los tres hermanos el que está colocado en primer plano, es, sin duda, el que atrae la mirada del espectador, la leyenda cuenta que sólo uno de los tres Horacios salió victorioso, mientras que los otros extienden las manos en dirección hacia su padre y las espadas, formando la línea de horizonte, su brazo es derecho y firme, la fuerza representada por su brazo es la de su firme compromiso con la patria. El detalle más revelador reside en la alineación de su mirada con el punto de fuga junto con la también mirada de su padre y a la vez forman parte de la línea del horizonte. En esta línea el punto central se encuentra en la unión de las manos del padre sosteniendo el símbolo de las espadas. El fondo del cuadro está dividido en tres partes gracias a la inclusión de tres arcos; cada uno de ellos sirve de marco para los personajes, con dos grupos en los arcos laterales y un personaje principal más destacado en el central. La perspectiva se centra en las manos de la figura central del padre, que además, realiza la acción principal en el juramento de sus hijos, que es el sostenimiento de las espadas. La oposición de líneas se encuentra entre la verticalidad de las columnas que forman los arcos y las horizontales de las baldosas del pavimento, siguiendo estas líneas se encuentra el punto de fuga de la composición: la mano del padre que sostiene las tres espadas. El espacio se vuelve teatral gracias al uso de la luz, hecho que recuerda a Caravaggio, y que procede de la parte izquierda del cuadro. Al ritual del juramento de las espadas se puede observan una gran tensión, y también la energía de las figuras masculinas, que contrastan con el desconsuelo más pasivo del grupo de figuras femeninas que dentro de la composición, con sus cabezas juntas, forman una pirámide. Es de resaltar las líneas compositivas rectas y firmes para los hombres y curvadas para la representación de las mujeres.

Interpretación: El cuadro fue un encargo del rey en 1784. Se expuso por primera vez en el estudio del pintor en Roma durante el año 1785. El Juramento de los Horacios es el ejemplo más representativo de las nuevas tendencias y su mejor ilustración, y al mismo tiempo la justificación de las objeciones que se le podrían hacer. A causa de la lectura que se desprendía de la pintura, la obra fue considerada una declaración política, e incluso, para algunos como una invitación para el levantamiento en armas, a pesar de ser una opinión bien discutible. Esta enorme prosa de David que asume en el Juramento de los Horacios, es suficiente tributo al amaneramiento o al amor un poco desmesurado del pintor por la herencia greco-romana. Es un cuadro tan frío, tan protocolario en su acción centralizante y mecánica, que hace olvidar las bondades técnicas, las de la composición, el rigor de la pincelada.

Juzgamiento: El neoclasicismo había nacido como producto de la insatisfacción, por las tradiciones artísticas, que sentían los artistas y escritores; este movimiento hizo renacer los ideales y el gusto por las obras de los antiguos. En su realización se usaban formas y colores sencillos y se rechazaban los colores brillantes habituales en las épocas precedentes del barroco y del rococó, usándose como modelos las antigüedades griegas y romanas. Esta obra contiene todas las características mencionadas del neoclasicismo. Las figuras están completamente definidas, al igual que el uso del color, la luz y la sombra. La perspectiva hace que este cuadro tenga profundidad y eso se acentúa con el fondo oscuro, que no está tan definido como los personajes. Aunque también, el hecho de que  representa una historia moralmente compleja o perturbadora lleva a que se clasifique como una obra de arte neoclásica.

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