Especial Hans Belting, «Antropología de la imagen». Capítulo 1

A partir de la fecha, se iniciará la serie de entradas donde transcribiré informes de capítulos de los libros leídos, relacionados con el arte, la tecnología y la cultura de la imagen en general. Los informes serán escritos una vez por semana, los cuales tendrán el resumen y la reflexión del capítulo leído del libro en específico. En esta ocasión he decidido comenzar por el libro «Antropología de la imagen» de Hans Belting. Espero lo disfruten y me acompañen en el camino de brindar información a todo aquel que esté interesado en saber más acerca del arte.

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Antropología de la imagen de Hans Belting. Informe del capítulo “Medio-Imagen-Cuerpo”

La distinción entre imagen y medio nos aproxima a la conciencia del cuerpo. Lo que en el mundo de los cuerpos y de las cosas es su material, en el mundo de las imágenes es su medio. Dado que la imagen carece de cuerpo, ésta requiere de un medio en el cual pueda corporizarse. La producción de imágenes ha tenido una estandarización de las imágenes individuales que, por su parte, se crearon a partir del mundo de imágenes contemporáneo a sus observadores, el que hizo posible el efecto colectivo. Las imágenes poseen una forma temporal en los medios y en las técnicas históricas. Dejamos que la transcendencia del cuerpo sea confirmada por imágenes a la que les imponemos esta tendencia opuesta. Únicamente por medio de las imágenes nos liberamos de la sustitución de nuestros cuerpos, a los que podemos mirar a distancia.

La cuestión de imagen y medio nos conduce nuevamente al cuerpo, que no sólo ha sido un “lugar de las imágenes”, sino también un portador de imágenes a través de su apariencia exterior. Los aparatos de imágenes capaces de representar personas interrumpen esa unidad somática, al intercambiar el cuerpo por un medio portador artificial, con lo que se establece una ruptura física entre éste y su imagen. Las imágenes digitales se encuentran almacenadas de manera invisible en una base de datos. Lo que está en cuestión aquí es el concepto de medio, así como también el concepto de imagen.

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En la actualidad, los medios de almacenamiento administran una memoria electrónica de imágenes en reposo que vienen de muy lejos. Con frecuencia los nuevos medios no son otra cosa que un espejo del recuerdo pulido recientemente, en el que las imágenes antiguas perviven de manera distinta que en los museos, iglesias y libros. El medio tiene una función determinada a partir de que nos proporciona un concepto para no confundir la imagen de la pared con una cosa. Cada imagen, una vez que haya cumplido su función actual, conduce en consecuencia a una nueva imagen. Alguna imagen sólo podrá tener el efecto de una nueva porque utiliza un medio nuevo, o porque reacciona a una nueva praxis de la percepción.

Siempre se ha tenido a la imagen como representación de un personaje, escena, historia u objeto. Para otros, en cambio, la imagen es el “congelamiento” de una vivencia, de un recuerdo o de un acontecimiento. Normalmente nos valemos de los sentidos para captar lo que pasa a nuestro alrededor. En este caso, nos valemos de la vista, que es considerara uno de los sentidos importantes del ser humano. Como no podemos mostrar a los otros lo que vimos o percibimos, necesitamos de algo para transmitir aquello que captamos y guardamos en el recuerdo. En este caso, la imagen es trasladada desde nuestra memoria o recuerdo a un medio u objeto. Existen diversos medios para transmitir la imagen, así como diversas técnicas y métodos para su reproducción. El cuerpo es representado por una imagen, que a su vez es representada por medio de una forma o impreso en otro cuerpo.

Por el momento, el tema de imagen, medio y cuerpo parece claro. Un cuerpo permanece con el tiempo, aunque sea efímero. Aquí existe una contradicción del concepto de imagen, dado que lo material no permanece para siempre y, por lo tanto, necesitamos proyectarlo con una imagen a través de un medio tangible que, a su vez, tampoco garantiza la durabilidad a través de los siglos. El problema se agrava con los avances tecnológicos, donde ahora el medio donde se proyectan las imágenes es virtual, creado a partir de códigos informáticos que se encuentran almacenados en el disco duro de una máquina. Los códigos no son precisamente un medio tangible. Aquí la imagen no se puede tocar o trasladar, como normalmente se hace con una pintura o, incluso, con una escultura. Para muchos, prácticamente, la imagen digital “no existe”, dado que no hay manera de que no se altere o se la retoque fácilmente, así como tampoco tiene una ubicación exacta: una imagen digital puede verse en diferentes computadoras o sitios web solo porque se puede “multiplicar” los códigos informáticos y, de esa manera, guardarla o volver a modificarla.

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Sin embargo, si se analizara una vez más el problema, podríamos deducir que una imagen digital no es tan diferente a cualquier otra imagen. Un óleo plasmado en una tela tampoco perdura para siempre. Si no se la protege de las inclemencias del tiempo, podría perder el brillo de sus colores. Incluso, puede desaparecer bajo las pinceladas de otra imagen si nadie se encarga de documentarla como es debido. Una imagen digital, por medio de programas informáticos, puede ser retocada o alterada fácilmente. Incluso, con solo apretar un botón del teclado, esa imagen puede desaparecer en una cuestión de segundos. Lo tangible también puede desaparecer si a alguien se le ocurriera prender fuego a un museo lleno de cuadros antiguos, o destruir esculturas griegas y usar sus partes para construir calles o residencias. Más bien, el problema radica en que nuestra mente está muy acostumbrada a lo que podemos ver y tocar con las manos que, cuando estamos ante la presencia de algo virtual, aunque podamos verla, no podemos palparla y sentirla a nuestro alrededor. Es como si viéramos a un fantasma: no sabemos si realmente está ahí o es solo una ilusión.

Las personas necesitan plasmar las imágenes de un cuerpo a través de un medio. Incluso puede ser el mismo cuerpo como medio de la imagen. La imagen documenta, archiva, trae recuerdos o añoranza e, incluso, impresiona. Cada imagen varía de acuerdo a la época en que fue creada, así como también en qué medio o cuerpo fue transmitido para el deleite del espectador. Hoy en día, ese medio es digital y el cuerpo por el que es proyectada la imagen se revela por medio de las máquinas o la tecnología. Así como lo tangible no garantiza la eternidad de las imágenes, lo intangible tampoco es un medio fiable para permanecer con el tiempo. Incluso, al ser incorpóreo, genera más intriga a los espectadores. Pero todavía seguimos manejando el concepto de imagen como representación del cuerpo o fuente de información a través de un medio. No hay que ser tan reacios a los avances tecnológicos y a los cambios de conceptos que éstos generan. En todas las épocas surgieron diversas máquinas o invenciones que generaron intrigas tanto a los estudiosos como a la sociedad en general. En este caso, ocurre lo mismo. Por lo tanto, es importante seguir estudiando al respecto para ver qué más podemos agregar al problema de la imagen, el medio y el cuerpo.

 

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