Especial Lourdes Mendez, «Antropología de la producción artística», capítulo 5

A partir de la fecha, se iniciará la serie de entradas donde transcribiré informes de capítulos de los libros leídos, relacionados con el arte, la tecnología y la cultura de la imagen en general. Los informes serán escritos una vez por semana, los cuales tendrán el resumen y la reflexión del capítulo leído del libro en específico. En esta ocasión he decidido continuar con el libro «Antropología de la producción artística» de Lourdes Mendez. Espero lo disfruten y me acompañen en el camino de brindar información a todo aquel que esté interesado en saber más acerca del arte.

Informe del quinto capítulo de “Antropología de la producción artística”

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En todas las culturas, a lo largo de la historia, el cuerpo humano ha causado admiración. Es por eso que fue representado de diversas formas, como un mundo en sí mismo que encierra poderes y esencias.

En Occidente, durante el siglo XVII, se produjo un interés científico por el cuerpo humano. Se hicieron representaciones gráficas donde se analizaba su biología, fisiología y anatomía, así como también la relación entre el cerebro y las capacidades mentales de la raza o el sexo de cada individuo. Méndez señala que, con todo eso, se ha colocado a cada individuo, según su raza y sexo, en el lugar que debería ocupar en el orden social y en la línea de la evolución humana. Incluso, añade también que las imágenes del cuerpo humano, especialmente el cuerpo de la mujer, marcó la historia del arte. Eso produjo que, durante el siglo XIX y principios del XX, se generara una “iconografía de la misoginia” que no es ajena ni al credo de las vanguardias artísticas ni al auge de las teorías evolucionistas.

Es claro que cada cultura es diferente, por lo cual existen diferentes maneras de representar el cuerpo humano. Incluso, esas representaciones varían en cada contexto y periodo histórico, simbolizando el estatus sexual, económico, religioso o político de los individuos. Se pueden distinguir dos tipos de intervenciones estéticas sobre el cuerpo humano: las permanentes (que serían los tatuajes o las cirugías) y las temporales (que sería el maquillaje o los adornos corporales). Con las intervenciones permanentes se demuestra la identidad de un individuo como miembro de una sociedad, distinguiéndose de los otros grupos. Con esto se puede ver que “todas las culturas eligen las partes del cuerpo que desean enfatizar pero, generalmente, ni son las mismas para ambos sexos, ni nos refieren a las mismas expectativas sociales” (Méndez, 1995).

Debido a un alto interés que generaron las otras culturas con respecto a la representación del cuerpo humano, aparecieron durante la década de los setenta movimientos artísticos, como el body art, que convirtieron al cuerpo en materia “estética”. Con esto, el arte occidental pretendió utilizar el cuerpo “de un modo novedoso, enmarcándolo en acciones y acontecimientos plásticos en los que intervenía el teatro, la música, la expresión corporal y el público” (Méndez, 1995). Incluso, se ha comparado al artista con el chamán, representando sus obras como el resultado de experiencias esotéricas que desean compartir con el público por medio de “rituales” artísticos, como sería el performance o el happening.

La ciencia siempre ha investigado sobre el cuerpo humano y, aunque se supone que debería ser objetiva, muchos investigadores científicos cayeron en el etnocentrismo o androcentrismo, haciendo que revelaran que estaba “científicamente comprobado” que un individuo de tal o cual característica era inferior o superior tanto en lo físico como en lo racional. Hoy en día se intenta revisar aquellos grandes traspiés que fue fruto de numerosas injusticias cometidas hacia personas que, por su apariencia física, fueron consideradas criminales o de “poca inteligencia”. En el presente se dice que se ha superado la imagen del “cuerpo perfecto”, pero aún vemos que, tanto en la televisión como en las películas, siempre aparecen personas físicamente atractivas y que se ajustan a nuestro concepto de belleza actual. Si uno desea poseer ese cuerpo o ese rostro y tiene mucho dinero, entonces puede consultar con los cirujanos para que modifiquen su cuerpo o su cara y, así, tener las características de una persona joven y hermosa.

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Hay de los que no desean tener el “físico perfecto” o el “rostro hermoso”, pero recurren al body art para marcar su cuerpo con algo que le identifique como una persona de ciertas características. Esto incluye pintarse el cuerpo o aplicarse tatuajes, como si su cuerpo fuese un lienzo viviente. También están los que recurren a las cirugías, pero no para agrandarse los pechos o achicarse la nariz, sino para imitar a algún animal. Se ha visto personas que, poco a poco, se van transformando en tigres, o gatos, o incluso vampiros incrustándose colmillos, cuernos o bigotes de felino. A veces también hay los que desean parecerse a algún personaje ficticio de animación o, incluso, están los que desean ser como los elfos  o las hadas (que tienen orejas puntiagudas).  Para un individuo, aparentemente normal, todas esas modificaciones del cuerpo (los tatuajes, las cicatrices, las cirugías, las incrustaciones) les parecen venidas de gente enferma mentalmente, que podrían invertir su dinero en cosas más productivas. Sin embargo, no dice lo mismo de los indígenas que se perforan la nariz, la boca o las orejas con palitos puntiagudos, que se tatúan o se cortan parte de su cuerpo para tener cicatrices e identificarse en su sociedad. Y tampoco dirá lo mismo de las civilizaciones antiguas, que ponían tablillas en la cabeza de los bebés para que las tuvieran alargadas o que vendaban los pies de las niñas para que los tuvieran pequeños. Lo tomará como algo extraño, venido de “bárbaros”, pero no los considerará “enfermos mentales”.

Sean locuras de artistas, o costumbres de otros pueblos, el ser humano siempre se ha fascinado por su propio cuerpo, para bien o para mal. Muchos no están satisfechos con su cuerpo y desean modificarlo y, los que están felices por ser como son, simplemente tienen el mismo cuerpo y lo cuidan con ejercicios o dietas. La cuestión de la mente o el razonamiento no tiene nada que ver con el aspecto físico. Hay personas con el cuerpo y rostro perfecto, pero que no son brillantes mentalmente e, incluso, poseen un horrible carácter. Son estereotipos que se han formado desde antes de la antigüedad, se fueron modificando con el paso de las eras y se amoldaron de acuerdo a la cultura de cada pueblo. Todos tienen un concepto diferente del cuerpo humano, aunque también influye la época, la edad y el pensamiento de uno mismo. Lo que hacemos con nuestro cuerpo y cómo esto influye a la sociedad es lo que cuenta. Porque no todos los que tienen tatuaje son delincuentes, así como también no todos los feos son inteligentes.

A modo de terminar este resumen, va una reflexión personal: lo único que nos pertenece totalmente es nuestro cuerpo. No somos títeres de nadie, aunque quieran hacernos creer lo contrario. Podrán sacarnos nuestros objetos más preciados o a nuestras personas amadas, pero nadie (excepto la muerte) puede arrebatarnos de nuestro cuerpo.

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