Definiciones de «Doble imagen», «Dualidad», «Dualismo» y «Duplicación»

A continuación, se presentará las definiciones de «Doble imagen», «Dualidad», «Dualismo» y «Duplicación» para comprender y apreciar sus diferencias. Las mismas fueron extraídas del Diccionario de Símbolos de Juan Eduardo Cirlot.

Doble imagen

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Toda duplicación concierne al binario, a la dualidad, a la contraposición y el equilibrio activo de fuerzas. Las imágenes dobles o la duplicación simétrica de formas o figuras – como los terantes en heráldico – simbolizan esa exacta situación. Pero la duplicación realizada sobre un eje horizontal, en la que una figura superior repite invertida una inferior, tiene un sentido más intenso que deriva del simbolismo del nivel. En los emblemas cabalísticos suele aparecer un ser dual cuyas dos partes se denominan Metatron la Superior y Samael la Inferior, de quienes se dice son dos compañeros inseparables por toda la vida. Cabe que bajo esta alegoría se oculte el símbolo de una ambivalencia esencial de todas las cosas, o que se refiera más bien al mito del Géminis.

Dualidad

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Si como «dualismo» entendemos la oposición de contrarios (blanco y negro, frío y calor, etc), como dualidad más bien concebimos el dos en su noción de conflicto, como duplicación innecesaria o como escisión interna. En este sentido dijo Nerval: «El hombre es doble», pues él veía la identidad propia como dualidad, lo cual le llevó a perder la razón. Incluso en otros planos del ser, la identidad era, para él, una dualidad, un desdoblamiento, apto a veces para indefinidas resonancias y disfraces, según J.P. Richard en Poésie et profondeve.

Dualismo

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Todo sistema que implica un sistema binario, pero en el cual se señala más que el complementarismo de tesis y antítesis, tendiendo a resolverse en síntesis, la enemistad de los dos principios en lucha. Dualismo moral fueron las religiones maniquea y gnostica. Las divisiones de ciertas formas cósmicas en dos fases, como la consideración china del año en dos partes, una en que predominan las fuerzas activas y benignas (yang) y otra en que prevalecen las pasivas y malignas (yin), más que dualismo son sistemas binarios, pues se incluye la dualidad en un orden más amplio y sintético que engloban su contradicción. R. Berthand, en La tradition secréte (París, 1943), hablando precisamente del símbolo chino citado, dice: «El dualismo en religión (o en filosofía mística o cósmica) es teorético y aparente; en realidad, hay algo siempre, un tercer término que se opone a la anulación de los dos términos antagonistas y que obliga a estas dos fuerzas – principios a plegarse, a actuar alternativa y no simultaneamente. Así, el negro y el blanco del Yin-yang que, limitados al círculo de la estabilidad, Tai Kih, forman en efecto un sistema ternario, el Taro». Sin embargo, esta solución del «tercer término», más que resolver el problema lo mantiene indefinidamente planteado, pues justifica la continuación del dualismo por el equilibrio interno que le presta. Es como si, en simbolismo alquímico, la doble corriente ascendente y descendente de la solución y la coagulación, hubiera de mantenerse en perpetua rotación. Y no es así, las fuerzas positivas acaban por vencer y transmutan la materia (principio pasivo, negativo o inferior), salvándola y llevándola consigo hacia arriba. Abundan en extremo los símbolos duales, por ejemplo, el látigo y el cayado de los faraones egipcios; emblemas de la ganadería y la agricultura, símbolos de las vías recta y oblicua (espada recta y espada curva); o las columnas cabalísticas Jakin y Bohaz; Misericordia y rigor.

Duplicación

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Como la inversión, tema frecuente en simbolismo. Aparece como doble imagen en cuanto a color (positivo – negativo), como dualismo simétrico o como sistema binario sobre un eje horizontal, en cuyo caso el sentido simbólico alude a la ambivalencia de una forma o existencia dada, por expresar el símbolo su situación sobre o debajo del nivel medio. La duplicación es también, como imagen en el espejo, un símbolo de la conciencia, un eco de la realidad. Numéricamente corresponde al dos y, por tanto, al conflicto.

Fuente: Juan Eduardo Cirlot, «Diccionario de símbolos». Barcelona: Labor, 1992.

 

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