Takumbú: muestra de Osvaldo Salerno

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Takumbú. La prisión es un tiempo clausurado, dominado por la violencia. Un tiempo que el recluso, en su marginalidad, marca como un filo.

El cuchillo fue una moneda en los inicios coloniales de Asunción. Un modo de pagar y cobrar. En la cárcel de Tacumbú, estas facas conservan ese valor de bien primitivo, urgente, precario.

La belleza de lo bruto, de las tonalidades de los mangos de trapo y plástico fundido, del óxido en los hierros. La atracción de violencia de los tacumbú kysé, puñales de Tacumbú, que prolongan los cuerpos carcelarios hacinados.

El cuchillo es asociado a la idea de ejecución, de venganza, sacrificio, pero también al honor y la épica, a la pulsión instintiva. Estos puñales condensan estos sentidos, tal vez porque remiten a ese espacio moderno, la cárcel, donde la humanidad no ha encontrado la redención que ofrece su par opuesto, la escuela.

Salerno solicita a la justicia las armas blancas requisadas en el penal de Tacumbú, ya desafectadas de toda función sumarial. Los puñales se disponen en las vitrinas como alhajas marginales, en un ritmo de lenguaje carcelario para sumar el tiempo, en grupos de cinco. Sin embargo, poseen la fuerza del acontecer inmediato, del presagio. También del emplazamiento, como intimación, con el cumplimiento de un plazo. Los objetos terminados se asocian con la violencia pero también con una dirección, con una salida.

Las facas de Tacumbú anulan este sentido, piezas ocultas que duplican el encierro, que anulan cualquier futuro.

El objeto real, no modificado en su materialidad, deviene una advertencia de los mecanismos de lo artístico. No me refiero solo a la apropiación del objeto, sino a la marca del acontecimiento que esa apropiación implica. El objeto requisado implica un tiempo detenido, el anuncio de aquello que no ha ocurrido, un indicio. El puñal de Tacumbú actúa como la inscripción de un delito – el de la posesión ilegal – pero también de otro delito que no se ha podido cometer por la requisa. El puñal que el preso esconde – es su posibilidad de defensa y de ataque – solo potencia la ventaja del arma, que es su posibilidad de estar oculta. Es la agresión instintiva, corporal, sanguínea. El puñal se saca por sorpresa, se clava hasta tomar contacto próximo entre los cuerpos. Por ello, en las cárceles de México se llama “puñal” al preso activo con los homosexuales pasivos.

“Salí del encierro oliendo a intemperie” es una cita a Augusto Roa Bastos, constante en la obra de Salerno. Ahora, el artista trabaja sobre el encierro, un mundo sin intemperie. No hay posibilidad mesiánica.

Roberto Amigo. Curador, Abril 2016.

Sobre el artista

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Osvaldo Salerno nació en Asunción, Paraguay, en el 1952. Es grabador, pintor, diseñador gráfico y promotor cultural. Realizó estudios de formación en arquitectura en Paraguay y arte en España y Argentina. Se desempeña como director del Museo del Barro, del cual es co-fundador. Participó en exposiciones individuales fuera y dentro del país. Obtuvo becas y premios en diseño gráfico, pintura y grabado, así como condecoraciones por su trabajo en promoción cultural. Su obra se encuentra representada en los museos y colecciones de España, Irak, Estados Unidos, Argentina, Chile, Perú, Brasil, Colombia, Uruguay y Paraguay.

Sobre la muestra

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“Takumbú” fue una muestra realizada en el Centro Cultural Citibank entre Abril y Mayo del 2016. La misma consistió en la exhibición de viejos puñales datados de la época colonial, las cuales se usaban como moneda en la prisión. Con esos objetos punzantes se podía comprar varias cosas, como alimentos. En los archivos del Cabildo se puede apreciar una descripción del valor de los alimentos. Cita, por ejemplo, que el valor de dos gallinas caseras es igual a tres cuchillos de marca. O que dos libras de pescado de red es igual a un cuchillo. Es una forma de revelar un estilo de vida de acuerdo a cierto contexto, así como también apreciar el valor de los objetos y cómo los mismos eran utilizados al momento de trueque, conformando así parte de las costumbres y la cultura del preso de Tacumbú.

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