El dibujo como pensamiento. Roberto Morris.

“Dejemos que las intuiciones, la razón y la imaginación formen parte de la reflexión. Si lo hacemos, entonces la reflexión estará presente durante todo el proceso de trabajo para manifestarse al final” Robert Morris

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Que el dibujo pudiese indicar un camino en el espacio era una idea que obviamente Morris se tomó en serio mientras buscaba nuevas formas de expresión, refundiendo géneros comunes en la historia del arte con equivalentes literales. Por ejemplo, su autorretrato consistía en un gráfico de un electroencefalograma que había hecho en el laboratorio de la University of Columbia calculando el tiempo que tendría para trazar la distancia que va de la cabeza a los pies mientras la aguja registraba sus ondas cerebrales. El gráfico resultante era, literalmente, un documento de su mente pensando sobre su cuerpo, una imagen visual del dualismo cartesiano al que tanto Morris como sus críticos han aludido con frecuencia.

En abril de 1961 la exposición de Yves Klein en la galería Leo Castelli fue el acontecimiento más comentado del año entre los artistas jóvenes. Klein pasó dos meses alojado en el Chelsea Hotel, pero como no hablaba inglés y los estadounidenses no hablaban francés, fueron sus obras, que representaban diversas figuras del cuerpo humano sobre lienzos, las que dieron que hablar. Morris ha declarado que él estaba al tanto de la existencia de Klein. Éste había hallado una forma de representar el cuerpo sin literalidad: hizo impresiones sobre el lienzo cubriendo los desnudos con pintura y usándolos como pinceles humanos.

 “Yo soy mis dibujos, para bien o para mal. Quienes somos, estoy seguro, se definirá de forma muy dinstinta en el futuro” Robert Morris

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La historia del arte se fundamenta en la diferenciación y clasificación del estilo personal, temporal y nacional y, por tanto, era inevitable que los artistas más emprendedores desafiasen tales previsibles conceptos académicos. La reproducción del mundo del arte organizó todos esos estilos de forma simultánea en lugar de diacrónica, lo cual supuso todo un desafío para el estilo como evolución.

Con los enormes estudios a mano alzada similares a los de Leonardo, Morris entró en un periodo figurativo y simbólico de obras realizadas en una furia de explosión emocional. Tanto en los dibujos como en los relieves asociados hechos con hydrocal (una sustancia más duradera que el yeso), el tema era el Apocalipsis nuclear que paulatinamente se fue transformando en las escenas de montones de esqueletos que hemos visto en las fotografías del Holocausto. Con su representación de temas retrospectivos, las obras de los ochenta marcan el punto en que Morris empezó a penetrar en sus propios recuerdos.

La realidad contemporánea había asfixiado su fe en el progreso, así que Morris empezó a mirar hacia atrás, hacia los desastres históricos, y olvidarse de todo lo que tuviera que ver con la búsqueda de cualquier futuro mejor. Empezó a rumiar su pasado, su niñez durante la Gran Depresión en Kansas City, y los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial. Con el deseo de comprender esa época desde una perspectiva adulta, empezó a documentarse sobre las pesadillas de la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y el bombardeo nuclear de Japón. Puede que Leonardo dibujase el destructivo poder de la naturaleza, pero Morris se concentraría en el destructivo poder del hombre.

 

Fuente: Robert MORRIS, El dibujo como pensamiento. Valencia: Generalitat Valenciana, 2011

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