Informe sobre la posmodernidad

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No se puede precisar cuándo dio comienzo la posmodernidad. Para algunos, la “modernidad” finalizó durante la década del 60’, con el desenlace de las vanguardias que fueron disolviéndose por una disputa entre sus integrantes. Para otros, la “modernidad” continuó hasta finales del siglo XX y con el auge del internet y el arte digital, dando inicio a una nueva etapa de la historia en el siglo XXI.

Los artistas actuales suelen estudiar a las vanguardias artísticas de los siglos XIX y XX, así como también adoptar alguna tendencia o estilo artístico. No falta quien dice que la obra de tal o cual artista se asemeja al cubismo o al surrealismo. También están los artistas que prefieren marcar su propio estilo, sin dejarse llevar por algún grupo o vanguardia en específico. Pero todos ellos, quieran o no asumirlo, se sienten fuertemente influenciados por los avances tecnológicos de las últimas décadas.

Como hay obras de arte efímeras (instalaciones, performances, happenings), las mismas se registran por medio de la fotografía o el video. En este caso, si se filma una performance “con un propósito artístico”, la performance se convierte en video arte. Pasó con una presentación de un artista conceptual llamado Joseph Beuys, quien se encerró en una pieza con un Coyote y la relación de ambos fue filmada. Hace tiempo se estrenó una película llamada “Life of Pi”, que trata de un joven que queda flotando en el océano con un tigre, en el cual ambos están luchando constantemente por sus vidas. Tanto la presentación de Beuys como aquella película se asemejan entre sí, aunque podrían tener diferentes mensajes y dejar diferentes impresiones en los espectadores. En lo que sí se podría asemejar es en lo siguiente: ambos hechos (uno real y el otro ficticio) permanecen en la memoria de los espectadores y, gracias a que fueron registrados por medio de filmaciones, se puede tener acceso a esas “memorias visuales” mientras se tenga un medio para reproducirlas.

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Por supuesto, no faltan los pensadores y teóricos fatalistas, que dicen que todo aquello es “la muerte del arte”, que nada permanecerá en el tiempo y que ya no existe creaciones originales. Lo que no se dan cuenta estos teóricos es que, desde la Antigüedad, ya se decía que no existe “nada nuevo bajo el sol”. Siempre se ha intentado reproducir una imagen o un acontecimiento por medio del arte, ya sea con las esculturas, pinturas, hasta con los escritos y la música. Siempre un artista se basará en su realidad. Esto es aplicable en el surrealismo, que prefiere reflejar el extraño mundo de los sueños. En los sueños es donde descargamos todas nuestras represiones, todo aquello que deseamos hacer en la realidad. Y los sueños se ajustan a nuestra forma de vivir, a lo que nos enseñaron y también a lo que nos preocupa. Y en el caso de lo efímero, hay que ser claros: existen muchas esculturas y construcciones de la antigüedad que no permanecieron con el tiempo. Y está pasando lo mismo ahora, solo que tenemos la ventaja de que podemos filmarlas y, si se cuidan aquellas “memorias visuales”, entonces nos aseguramos de que hasta nuestros nietos puedan verlas.

En la “posmodernidad”, ya no existen barreras estrictamente cerradas como pasaba con la “modernidad”. Por ejemplo, antes los artistas eran estrictamente surrealistas, minimalistas, cubistas o expresionistas. Ahora la tendencia es crear estilos personales, así como también mezclar estilos o tendencias para encontrar nuevas formas de expresarse. Y el arte ya no se enfoca solo en el “arte occidental”, sino se expande en otros tipos de arte. Como la información pasa a la velocidad de la luz, un nativo de China puede saber lo que hace un nativo de Canadá. Hasta hace pocas décadas se sabía de tal o cual acontecimiento en el promedio de un día. En cambio, ahora, se sabe en cuestión de minutos. Por lo tanto, no hay que extrañarse si los artistas japoneses, indios, ecuatoguineanos o australianos también realizan instalaciones, performances, happenings o arte digital, así como lo hacen los artistas europeos o norteamericanos. Y si estos artistas se ponen de acuerdo, pueden reunirse un día equis en un chat, filmarse y lanzar en conjunto un video arte por internet, mostrando cada uno una grabación o una presentación y combinándola con las filmaciones de los otros.

Pero no todo es “color de rosa”. También tiene su lado negativo. Se ha perdido mucho el tema de la privacidad y, si uno desea ser un “artista”, sí o sí debe inclinarse por el arte conceptual. Porque si pinta un cuadro, vende una serie de ilustraciones o videos a una empresa y lucra con ello se le considera “muy comercial”. Los artistas conceptuales rechazan lo “comercial”, pero tarde o temprano caen en ella. Y aunque no quieran reconocerlo, también caen en un sistema. Cree que es autónomo, pero no lo es. Ni nunca lo fue. Antes los “mecenas” eran los que exigían al artista que pintaran tal o cual cuadro. Ahora son los “críticos” y “curadores” los que exigen a los artistas que hagan sus obras de cierta forma. Quizás los artistas románticos intentaron romper con ese esquema, así como pasó con los hippies. Pero todos cayeron. Ahora se ven cuadros de estilos románticos en las ferias o galerías, así como también existe la “moda hippie” y se venden en grandes empresas y distribuidoras de vestimentas. Llega un momento en que los conceptos también se confunden y se le etiqueta al artista actual de acuerdo a su tendencia. Se aplauden mucho a los “conceptuales”, los que hacen instalaciones, happenings o performances. Pero se les ignoran (y hasta desprecian) a los que realizan “arte digital”, por lo cual estos deben trabajar para las empresas de publicidades que realmente les pagan por sus trabajos.

En conclusión, la posmodernidad es el inicio de una nueva etapa de la historia, quizás un poco menos rígida que la “historia oficial”, el cual muchos asumen que finaliza con la “modernidad”. Aquí ya no nos basamos en una sola línea, sino en varias. Existen diferentes puntos de vista y todas ellas varían de acuerdo a la persona, sus ideales, pensamientos y región. Pero aún es muy temprano para decir que “el arte murió”. Acabamos de iniciar el tercer milenio y recién pasamos la primera década del siglo XXI. Quien sabe lo que pasará dentro de diez, quince o cien años. A lo mejor surjan nuevas tecnologías o se vuelva “a lo antiguo”. Es un ir y venir de la historia. Pasó lo mismo en el Renacimiento y seguro pasará en la actualidad.

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